Corres el flequillo de mi cara y aún sin tocarme me haces estremecer. Tus suaves dedos juegan con mi cabello mientras posas tus ojos en mi mirada. No hacen falta palabras. Todo tu ser se me revela en esa mirada dulce y fija que me hace sonrojar. No hacen falta gestos con tus ojos me atraviesas y conoces mis más íntimos pensamientos.
Sigues jugando con mi pelo intentando rozar mis hombros y seguir lentamente dibujando figuras en mi espalda. Me tomas por la cintura y se me llena el cuerpo de cosquillas. Nerviosa corro la mirada temiendo haber revelado demasiado. Entonces con una de tus manos me acercas lentamente hacia vos siendo casi imperceptible la distancia que separa nuestros cuerpos. Con la otra me tomas por la pera y suavemente guías mi mirada hacia la tuya. La tensión inunda el ambiente, la atracción es indiscutible.
Me tomas de la mano y me ayudas a reincoporarme lentamente hasta quedar parados el uno frente al otro. Y aunque estamos vestidos nos sentimos desnudos en esa confianza muda que trazan nuestros ojos. Te alejas por un momento. Yo, parada, puro temblor nervioso, toda expectativa. Pones mi canción preferida. Te das vuelta y me recorres con la mirada. Tus labios dibujan una sonrisa que lejos de ser lasciva es tierna, es felicidad.
Vienes hacia mí, yo sigo parada, expectamente. Nuevamente posas tus manos sobre mis caderas y mientras tu torso se reclina hacia mí subes con una tus manos por mi espalda y me enriedas el cabello hasta tomarme por la nuca. No hay más excusas, no hay más medias verdades ni mentiras. No hay tiempo: tus labios ya están rozando los míos, nuestros alientos se hacen uno y se siente como un dulce elixir.
Me estremezco y me entrego en tus brazos que me sostienen fuertemente contra vos. Me entrego en ese beso que aunque dura un instante ya es parte de la eternidad. Nuestras bocas se separan y sé que me miras mientras tengo mis ojos cerrados y mis labios aún abiertos. Abro lentamente mis ojos y se encuentran con los tuyos. Hay serenidad en el ambiente aunque nuestras respiraciones están agitadas. Sólo me tienes atrapada en tus brazos, nuestros labios no se tocan, nuestros ojos ya no se miran, suavemente apoyo mi frente contra la tuya y puedo sentir la nueva intimidad que hemos construido.
...
Trato de desenredarme de entre las sábanas. Estiro la mano buscándote para decirte "Buen día". No estás, no puedo encontrarte. Muy despacio comienzo a despabilarme para entender que nuestro encuentro nunca ha sucedido, que sencillamente eres el hombre de mis sueños.
lunes, 11 de agosto de 2008
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