viernes, 15 de agosto de 2008

La pianiste

Michael Haneke construye de forma sólida la historia de Erika Kohut (Isabelle Hupert) una profesora de piano con un costado oscuro que atrae a Walter Klemmer (Benoit Magimel), un joven entusiasta lleno de talentos, no sólo para la música.
Sin caer en lo burdo o extremadamente explícito la película empieza intercalando imágenes que nos permiten comprender el reconocimiento que envuelve a Erika en virtud de sus dones para el piano así como también su enfermedad -como lo plantea el filme varias veces-: el masoquismo.
En este sentido, la película empieza con una gran fuerza en términos de lo truculenta que es Erika que aun cuando avanza hacia un nuevo desarrollo de su masoquismo, ninguna de las imagenes más tardías resultan tan decadentes como las primeras. Sin embargo, el personaje de Walter Klemmer es el que decae velozmente al tratar de complacer los deseos de Erika y de esta forma equilibra la decadencia que se mantiene a lo largo de la película.
Las actuaciones son impecables. Isabelle Hupert representa de forma acertada la frialdad de Erika, quien no conoce el amor y lo confunde con su depravación. Por su parte, Benoit Magimel -quien ha sido galardonado por su interpretación- es el joven enamorado que se transforma en un ser desleable a fines de satisfacer los más bajos deseos de su amada profesora de piano.
Por su parte, el juego de luces y sombras que propone Henke es excelente, logrando con él anticipar situaciones o lograr marcos que aumentan el dramatismo de la obra. Por su parte la música es no sólo un instrumento sino un protagonista en esta obra. Y sin duda la música clásica permite agregarle un mayor carácter dramático además de solemne, como planteándonos cuánta contradicción puede haber entre las aparencias apasibles y las realidades pasionales de los personajes.
La obra es excelente. Muy recomendable para quienes están de humor para un buen retrato del masoquismo y del padecimiento que lo acompaña, para un buen retrato no se convierte en ningún momento en una excusa para alcanzar vulgaridades de la peor índole.

Nota personal: Podría ser un poco más personal y apasionada con la crítica, pero no creo que a nadie le interese saber las oscuridades a las que fue conducido mi pensamiento... que tocó un fondo muy por encima de la declinación del masoquismo.

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