En una de esas vueltas inexplicables que uno puede hacer en internet, cual conversación sin hilación entre borrachos, empecé leyendo el diario y revisando qué habían hechos los famosos durante el fin de semana y terminé por reconocerme como una potencial onironauta.
En un recorrido que no puedo describir ni recordar, terminé explorando apenas por la superficie -ni siquiera académica- que permite la tan improbablemente certera "Wikipedia" un tema que siempre me apasionó y siempre en primera persona: los sueños.
El ámbito de lo onírico se me presenta como un lugar completamente nuevo y flexible donde uno puede ponerse en contacto con una creatividad absolutamente personal y en gran medida indómita. Alguna vez recuerdo haber llamado a los sueños como esa especie de cine personal que se nos regala todas las noches, aunque a veces ni siquiera podamos reconocerlo.
Entonces explorando ese mundo de lo inconscientemente, del Ello o como sea que lo denominen las múltiples corrientes psicológicas que se ocupan del tema, terminé por aceptar finalmente que es posible que existan personas que no suelen recordar sueños y personas, como yo, que los recuerdan vívidamente, concretos, coloridos, dinámicos y a veces hasta verosímiles.
Y entre las amplias posibilidades que se ofrecen al dormir descubrí que alguna vez he gozado del privilegio de ser onironauta. Si nos remitimos a la literalidad de la etimología, un onironauta es aquel que navega por los sueños, imagen poética si las hay. Y poder considerar que tal vez sea un potencial miembro de esta tribu onírica me parece tan fantástico, como perteneciente a una especie de sociedad secreta en la que ninguno de sus miembros puede conocer a los otros.
En términos más empíricos, un onironauta es aquel que puede tener sueños lúcidos. A saber, aquel que puede reconocer en el estado de sueño que se está soñando y en ese sentido gobernar el sueño porque no es sino uno quien lo domina.
Que pueda recordar sólo una vez tuve un sueño realmente lúcido, en el que descubrí que podía alterar el desarrollo del mismo. En efecto, soñé que había una fiesta en mi casa que no me permitía dormir y al reconocer que se trataba de un sueño pude desarmar la circunstancia que no me dejaba descansar.
No obstante ello, recuerdo haber tenido otra especie de sueños lúcidos, si les cabe la definición, en los que reconozco ya haber soñado con esos paisajes de aventuras. Sin embargo lo llamativo es que en esa realidad alternativa o hiperrealidad el tiempo también había pasado, como mostrando que la distancia temporal concreta entre un sueño y otro, también se realiza en la realidad que albergo en mi mundo onírico.
En fin, simpáticos descubrimientos para una mañana de lunes. Con pocas ganas de retomar las responsabilidades de la semana y con la voluntad de reencontrarme con mi lado creativo, vuelvo así a escribir en mi blog largamente abandonado.
Por ya no estoy enojada si no en general feliz y hoy particularmente contenta de descubrir que pertenezco a una tribu de "soñadores lúcidos" o en su definición más poetica de navegantes de sueños. Casi con un poco de actitud pretenciosa y en guiño a los amantes de la mitología griega me divierta soñar, valga el atrevimiento, en poder hablar de los relatos de Agus y los onironautas.
lunes, 3 de agosto de 2009
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