martes, 16 de septiembre de 2008

A diferencia de Pablo

En contra de lo que diría Neruda (los [NO] son míos)

[NO] me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. [...]

[NO] me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

[NO] Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Me llena de odio sentir que mendigo tu atención, sentir que he perdido tu cariño.
Y a lo lejos tu vida trascurre sin participar en la mía
y la confianza se disuelve, y los recuerdos se disipan.

Tan sólo quedan mis palabras escritas, que apenas si se sienten mías;
la noche que describen queda lejos en el mundo del deseo de volver a encontrar esa intimidad.

Y me tienes todo el tiempo buscando la forma de llegar a tí
prohibiéndome la llave que abre las puertas de tu cariño,
evitando que pueda atar los nudos que sin querer he deshecho.

Y ya no leerás mi blog aunque seguiré leyendo el tuyo
y te odiaré porque callas,
porque necesito un amigo y tú me lo niegas,
porque ya no sé como pedírtelo y tú ni quieres darte cuenta.

Te odio cuando callas y te tengo aquí frente a mí,
absolutamente presente e insalvablemente ajeno,
sin voluntad de ser mi amigo.

Y una vez más, te odio cuando callas
porque me gustaba el dulce sonido que transportan tus labios.

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